Compañeros de toalla

27 Ago

Este post está dedicado a mis veranos, aquella época que llevas todo el año esperando para reencontrarte con tus amigos y “compañeros de toalla”. Un lugar donde tienes una especie de vida paralela que se aleja de toda rutina y donde desaparecen el resto de problemas de la “vida real”.

Este lugar es Torreblanca, una pequeña localidad costera al norte de Castellón donde los enormes rascacielos/hormigueros y la masificación del turismo de sol y playa no existen. Aún tengo el privilegio de andar por playas despobladas, de pisar terrenos sin construir, y de ver como las sombrillas y hamacas se dejan en la playa de un día para otro, sin temer que nadie te las quite.

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Así es la tranquilidad que se respira en Torreblanca, un lugar que ha conservado gran parte de su encanto transmitiéndolo en la agricultura local, el turismo y los servicios. Desde pasear todas las noches mirando el mar e ir saludando a unos y a otros por el Paseo Marítimo, hasta tomarse un riquísimo helado en la famosa terraza de La Jijonenca. Todo un clásico.

Para los que como yo, venimos de una ciudad con prisas como Madrid, no hay mejor lugar en el que relajarse y olvidarse de todo. No cambio por nada el poder salir a correr por las mañanas a lo largo de la costa, para después darse el mejor baño del día junto con mis amigos, menos madrugadores pero con las mismas ganas de playa, de pasárselo bien, y de volver a encontrarnos un año más. Porque ningún año se parece a otro, y cada vez nuestros veranos se van llenando de historias, anécdotas y recuerdos de esos que nunca se olvidan.

Las vistas incomparables del Parque Natural del Prat de Cabanes hacen de Torreblanca un municipio poco explotado y menos afectado por la construcción. Hay un entorno natural que aporta una atmósfera inigualable, que junto con las enormes extensiones de huertos y terrenos, ven reducido el municipio a un pequeño conjunto de casas donde prácticamente todos nos conocemos. No puedo más que estar orgullosa de mi playa, mis amigos, mis veranos y, en definitiva, mi otra vida durante 2 meses al año.

El verano ya se acaba, y sólo puedo decir que, aunque por circunstancias de la vida, del trabajo y que, queramos o no, las obligaciones van creciendo con los años, nunca dejaré de ir año tras año a mi pequeño paraíso. ¡Hasta el año que viene compañeros de toalla !

 

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